sábado, 13 de noviembre de 2010

Totalmente adorable. O no.

Con el título de la presente entrada me refiero a un niño. Es libanés, tiene dos años y es riquiño (como solemos decir en Galicia) a más no poder. Lo vi por por primera vez en este artículo que saqué del magnífico blog noruego Norway, Israel and the jews. También podéis mirarlo aquí.
El caso es que su padre empieza a preguntarle capitales de buena parte del mundo, especialmente de Oriente Medio, y llega un momento en el que la criatura, que de geografía parece saber bastante a pesar de su corta edad, tiene que decir cuál es la capital del Estado de Israel. Prestad atención a la entusiasta respuesta del niño y a la reacción del padre, y luego preguntaros si realmente se puede decir que las colonias judías en Cisjordania o el bloqueo israelí a la Franja de Gaza son los únicos obstáculos para la paz en Oriente Próximo.
Y preguntaros también si son sólo las políticas de Israel lo que hace germinar el odio en la zona. Porque ese niño es totalmente adorable hoy; con las ideas que le mete su padre en la cabeza, ya veremos en qué clase de persona se irá transformando a medida que vaya creciendo.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Estado de Israel en los ránkings internacionales: Índice de Desarrollo Humano (I).

Basándose en datos de 2008, la O.N.U. ha publicado un informe en el que se ha puntuado el Índice de Desarrollo Humano de 169 Estados soberanos. Éstos aparecen ordenados del más desarrollado al menos desarrollado. Se miden factores como la esperanza de vida, el grado de alfabetización, la educación, el nivel y la calidad de vida y el bienestar infantil. El informe clasifica los países analizados en función de su grado de desarrollo, que puede ser muy alto, alto, medio o bajo, así como por la zona geográfica.
A continuación, los resultados para el Estado de Israel:
a) Grado de desarrollo muy alto.
b) 0,872 puntos en una escala de 0 a 1 (sube 0,001).
c) 15.º puesto de 169 (sube 12).
d) Ocupa el 5.º puesto entre los Estados asiáticos analizados.
e) Ocupa el primer puesto entre los Estados analizados de la región de Oriente Medio y el Norte de África.

domingo, 31 de octubre de 2010

Una lección de cine... y de Historia y ética (I).

Tal y como demostré en numerosas ocasiones en este blog, muchos de los más importantes medios de comunicación, organismos políticos y organizaciones no gubernamentales dicen luchar por el respeto a los derechos humanos, para al final relegar a un segundo plano, cuando no ignorar directamente, las más graves guerras, los más despóticos regímenes totalitarios y los más crueles crímenes contra la Humanidad, en orden de atacar políticamente a una nación democrática y soberana que lucha literalmente por su existencia desde que nació: el Estado de Israel. Y ello termina por repercutir en una opinión pública fácilmente impresionable y falta de conocimientos históricos sobre el tema.

El caso es que el domingo 24 de octubre de 2010, en horario de prime time, La 1 de Televisión Española emitió el filme Diamante de sangre (Blood Diamond), dirigido en 2006 por Edward Zwick y protagonizado por Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly y Djimon Hounsou. La cinta trata sobre la Guerra Civil de Sierra Leona y su oscuro trasfondo de diamantes de sangre, niños soldado y demás atrocidades al uso en el desolado continente africano.

O, mejor dicho, desolado y olvidado. Hipócritamente olvidado.

Y es que es muy contradictorio que los medios, los organismos y las organizaciones arriba mencionados se quejen (de vez en cuando, eso sí, para calmar sus conciencias y mantener su estatus como concienciadores y, a la vez, portavoces de la opinión pública) de que no se le presta la suficiente atención a África y de que, consecuentemente, la opinión pública no está debidamente concienciada sobre lo que allí ocurre, de forma que no ejerce la debida presión sobre sus políticos. Y yo me hago una pregunta. ¿Cómo coño son capaces de emitir semejante queja, cuando son ellos los mismos que tanto se dedican a cacarear sobre el supuesto apartheid israelí, las colonias judías en Cisjordania, la alegada limpieza étnica de árabes en Jerusalén Este y demás asuntos relacionados, al tiempo que casi no le prestan la más mínima atención al continente africano?

Porque la peña no nace sabida. Difícilmente se puede concienciar a la opinión pública, pongamos, europea, sobre las desgracias recientes y actuales en Sudán, Somalia, la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Ruanda o Uganda, cuando la O.N.U., la Unión Europea, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Manuel Tapial y sus coleguas, El País, El Mundo, Público, laSexta Noticias, Aftonbladet, Aftenposten, Dagbladet, Reuters, The Guardian, la BBC y un largo etcétera le dedican más tiempo y más recursos al conflicto árabe-israelí que a África.

Por supuesto que la gente es capaz de citar tragedias africanas, y que de vez en cuando éstas son objeto de una relativa cobertura. Pero comparativamente, sobre África se nos informa con cuentagotas, mientras que sobre el conflicto árabe-israelí se nos bombardea sistemáticamente; y ese bombardeo mediático se ve revestido con mucha frecuencia de un fuerte componente ideologizador.

Sólo así se puede explicar algo tan triste como que Ariel Sharon, Binyamin Netanyahu, Yitzhak Rabin, Mahmud Abbas, el Kadima, el Likud, los Acuerdos de Oslo, Yasser Arafat, Deir Yassin, al-Nakba, la división de Jerusalén, las colonias judías, al-Fatah, Hamas, Avigdor Lieberman, Ehud Olmert, Yisra'el Beiteinu, Hezbollah, el Mossad, Hassan Nasrallah, Tzipi Livni, Ismail Haniyeh, la masacre de Sabra y Shatila, la Batalla de Jenin, la Guerra del Yom Kippur, Hebrón y Shimon Peres sean universalmente más conocidos que Foday Sankoh, el Frente Revolucionario Unido, Mohamed Farrah Aidid, la Batalla de Mogadiscio, los diamantes de sangre, el coltán, los Janjaweed, Theodoro Obiang, los Acuerdos de Arusha, Robert Mugabe, Théoneste Bagosora, Jean-Paul Akayesu, la Segunda Guerra del Congo, el conflicto de Kivu, Jean Kambanda, Moussa Dadis Camara, Paul Kagame, Juvénal Habyarimana, Laurent-Désiré Kabila, los Mai Mai o Idi Amin Dada.

El último personaje aludido, por ejemplo, es de los malos, pero de los malos de verdad, ¿eh? Durante su reinado del terror en Uganda, entre 1971 y 1979, fueron asesinadas entre 100.000 y 300.000 personas, dependiendo, como siempre, de las estimaciones. ¡A lo largo de una miserable década! Entretanto, el conflicto árabe-israelí ha costado entre 51.000 (de 1950 a 2007) y 92.000 (entre 1945 y 1995) víctimas mortales, dependiendo otra vez de las estimaciones. Pero lo mejor de todo es que según la última estimación señalada, esos 92.000 muertos comprenden a 74.000 combatientes en contraposición a 18.000 civiles.

¿Cómo? ¿Que veis en las noticias que siempre mueren más civiles que combatientes? No, damas y caballeros. Eso habrá ocurrido durante la Segunda Intifada, la Segunda Guerra del Líbano o la Operación Plomo Fundido, pero las peores escaladas de violencia en cuanto a número de muertos a resultas del conflicto árabe-israelí tuvieron lugar en 1948-1949, 1956, 1967, 1967-1970, 1973 y 1982. Y en la mayoría de esas guerras (aunque no en todas), una gran parte de la lucha se desarrolló en pleno desierto, con relativamente pocos civiles de por medio. El resultado fue que el conflicto árabe-israelí, en contra del mito popular, no sólo es de los más leves que existen en términos humanitarios a pesar de su extensa duración en el tiempo, sino que es uno de los pocos en la Historia Contemporánea que ha derivado en más muertes de combatientes que de civiles.

¿Qué mejor ejemplo que el expresado arriba en orden de demostrar cómo la realidad le es distorsionada a la opinión pública?

Evidentemente, es algo que no se puede decir de África, como demuestran los conflictos, las dictaduras y las violaciones de los derechos humanos recientes y actuales ocurridos allí.

Curiosamente, la Uganda de Idi Amin Dada e Israel fueron Estados aliados. Pero la relación se quebró, y el dictador ugandés cambió de bando. Y lo que es más, Uganda se convirtió en escenario, por breve tiempo, del conflicto árabe-israelí.

El domingo 27 de junio de 1976, un avión de Air France fue secuestrado por terroristas árabes y europeos. El avión acabó en el aeropuerto ugandés de Entebbe... con la bendición del dictador del país. Todos los pasajeros no judíos fueron liberados, mientras que los judíos fueron retenidos. Uno de ellos, una anciana llamada Dora Bloch, fue evacuada a un hospital debido a problemas médicos. Y el domingo 4 de julio, una semana después del secuestro, se produjo el rescate israelí.

Los soldados israelíes llegaron en aviones que aterrizaron en el mismísimo aeropuerto de Entebbe; rescataron a los rehenes; destruyeron los aviones de las fuerzas aéreas ugandesas estacionados en el aeropuerto; y se llevaron a los rehenes en los aviones en los que habían llegado. Morirían los terroristas y un buen puñado de soldados ugandeses, así como tres rehenes judíos y un militar israelí, Yonatan Netanyahu, hermano del actual Primer Ministro hebreo.

Idi Amin Dada había sido humillado en su propio país mediante una operación de rescate efectuada ante sus narices. Y su sed de venganza alcanzó a cientos de ciudadanos kenyanos residentes en Uganda (Kenya sirvió de escala para los aviones israelíes), así como a Dora Bloch, asesinada en el hospital al que había sido trasladada, junto con, según se ha alegado, los médicos y enfermeras que trataron de impedirlo.

Así quedó patente (otra vez) el despotismo totalitario de Idi Amin Dada, acusado además de canibalismo, autoproclamado Rey de Escocia, y sobre el que se hizo la película titulada precisamente El último rey de Escocia (The Last King of Scotland), dirigida en 2006 por Kevin Macdonald, con Forest Whitaker cubriendo magistralmente el papel del déspota. No es tan buena como la de Zwick, pero merece la pena.

Pero los entre 100.000 y 300.000 muertos a resultas de la dictadura de Idi Amin Dada son sólo un episodio de la cruel historia reciente africana. Ahí están también el genocidio ruandés, con entre 500.000 y 1.000.000 de muertos entre abril y julio de 1994; la Segunda Guerra del Congo y sus secuelas, con más de 5.400.000 muertos desde 1998; la guerra en Darfur, con más de 300.000 muertos desde 2003; la Guerra Civil somalí, con más de 300.000 muertos desde 1991; y, volviendo a lo que relataba al principio de la entrada, la Guerra Civil de Sierra Leona, con unos 75.000 muertos entre 1991 y 2002.

Las cifras hablan por sí solas. Pero la historia reciente y actual de África sólo es brevemente rescatada para terminar cayendo en el olvido durante largo tiempo.

Es por eso que la obra maestra de Edward Zwick y la magnífica interpretación de Forest Whitaker no son sólo lecciones de cómo hacer buen cine, sino que son lecciones de Historia y de ética en la medida en que narran hechos verídicos que las masas deberían conocer pero sobre los que apenas son informadas, y que además deberían merecer una más contundente respuesta institucional y humanitaria.

Curiosamente, una de las más osadas hazañas contra el despotismo totalitario de Idi Amin Dada fue efectuada por el Tzahal, y sin embargo, Israel es objeto de un oprobio mucho mayor que el dictador ugandés. El único consuelo que al respecto le queda a la sociedad del Estado hebreo es el haber rescatado a docenas de los suyos humillando de paso a esa bestia en su propia casa. Por el camino quedaron, tristemente, cuatro civiles inocentes cuyo crimen era ser judíos y el héroe que inmoló su vida para salvar otras: Yonatan Netanyahu.

Al que podemos ver en la imagen inferior (derecha).

viernes, 15 de octubre de 2010

Interesante artículo de la revista Time.

Clave para entender el artículo: no cuenta lo que el título le sugeriría a un anti-israelí.

sábado, 2 de octubre de 2010

Mujeres en el Tzahal.

Artículo del corresponsal en Oriente Próximo para El Mundo, Sal Emergui, enlazado desde el blog de Pedro Gómez-Valadés.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Nueva ida de olla.

Resulta que al Gobierno francés se le ha dado por empezar a deportar a mansalva a inmigrantes rumanos y búlgaros en situación ilegal; para colmo de males, las órdenes de expulsión dan prioridad a rumanos y búlgaros de etnia gitana. Ello ha dado lugar a un rifirrafe entre la Comisión Europea y Francia; es más, aquélla amenaza a ésta con llevarla al Tribunal de Justicia de la Unión Europea.
El caso es que la luxemburguesa Viviane Reding, Comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía de la Unión Europea, ha tenido la idea de comparar implícitamente las deportaciones masivas de gitanos por parte de Francia nada más y nada menos que con las deportaciones de las víctimas del Tercer Reich a los campos de exterminio nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
El portugués José Manuel Durão Barroso, Presidente de la Comisión Europea, y quien recientemente emitió una fuerte condena contra el antisemitismo, no ha tardado en sumarse a las críticas de Reding, si bien dejó caer que su analogía no era quizás la más acertada. Angela Merkel, François Fillon y Silvio Berlusconi también han criticado las palabras de Reding, obligándola a retractarse.
Pero eso no es todo. Resulta que Fidel Castro, quien parece no aclararse sobre la maltrecha y abusiva naturaleza de su propia política nacional, ha comparado las expulsiones de gitanos rumanos y búlgaros por parte francesa con el Holocausto.
Tócate los cojones. Veamos, uno puede entender, e incluso compartir, que se critique a las autoridades galas por hacerles a los gitanos lo que les están haciendo, por el mero hecho de ser gitanos; pero con todo el respeto del mundo, hay una gran diferencia entre deportar a la gente a su país de origen dándole dinero, que enviar a millones de personas a un destino que sólo ofrece la retención forzosa, la esclavitud y el exterminio.
Semejante analogía denota una ignorancia histórica de proporciones superlativas, que contribuye, especialmente cuando la realizan una Comisaria europea y un dictador protegido por la corrección política y al menos una parte de la izquierda europea, a relativizar el sufrimiento de las víctimas del nacionalsocialismo; lo que no podría ocurrir en peor momento, habida cuenta del antisemitismo que está carcomiendo a la Vieja Europa desde hace años.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Otra vez la misma táctica.

El domingo 2 de mayo de 2004, los miembros del Likud, el principal partido de la coalición gubernamental israelí, se dirigían a las urnas para tomar una importante decisión: votar en referéndum a favor o en contra del plan de evacuación de los colonos y los soldados israelíes de la Franja de Gaza, formulado por el Primer Ministro israelí de entonces, Ariel Sharon.
Aquel día, Tali Hatuel, de 34 años, se dirigía en coche a una protesta en Israel en contra del plan de evacuación. Llevaba consigo a sus hijas Hila (11 años), Hadar (9 años), Roni (7 años) y Merav (2 años). El padre de las niñas y marido de Tali era David Hatuel, quien en aquel momento estaba en Israel. La familia residía en el bloque de asentamientos de Gush Katif. Tali estaba embarazada de siete meses (esperaba un niño).
Mientras tanto, dos terroristas palestinos, armados con fusiles de asalto Kalashnikov y provenientes de Khan Yunis, una ciudad gazadí, se habían apostado junto a la carretera de Kissufim, por la que circulaba Tali con sus hijas. Ambos terroristas empezaron a disparar contra vehículos que precedían al de los Hatuel, mientras al menos un tercer terrorista disparaba contra un puesto militar israelí cercano, presumiblemente en orden de distraer a los soldados. Como resultado de todo ello, un civil y dos militares resultaron heridos.
Finalmente, los dos terroristas apostados junto a la carretera vieron pasar el coche en el que viajaban las Hatuel. El vehículo fue tiroteado y acabó saliéndose de la carretera. Los dos individuos se acercaron al coche y dispararon sobre él durante un minuto; Tali, el niño que esperaba y sus hijas perecieron en el ataque. Entonces llegaron soldados israelíes que dispararon y mataron a los dos terroristas.
Al poco tiempo, los Comités Populares de Resistencia y la Yihad Islámica se adjudicaron el crimen. La razón oficial era vengar a Sheikh Ahmed Ismail Hassan Yassin y a Abdel Aziz Abdulmajid al-Rantissi, máximos responsables del grupo terrorista Hamas, quienes habían sido liquidados por Israel en las semanas precedentes en sendos ataques con helicópteros. Pero la razón real era otra: se trataba de un plan para frustrar el arriba mencionado plan de evacuación propuesto por Ariel Sharon. Este plan era un paso más hacia la paz entre israelíes y palestinos, algo no muy del agrado de los perpetradores del ataque, quienes básicamente vivían (y viven) de la violencia.
Los terroristas consiguieron, al menos provisionalmente, lo propuesto. La noticia del atentado contra las Hatuel (una mujer embarazada y cuatro niñas indefensas asesinadas a tiros) propició la derrota del plan de Sharon, debido a la solidaridad que ello despertó para con los colonos de la Franja de Gaza. Cuando al año siguiente Israel se decidía a evacuar por la fuerza a los colonos, quienes desaprovaban el plan recordaron lo ocurrido con la familia Hatuel el año anterior. Entre las consignas dirigidas a la policía, se leía: "¿Te ves a ti mismo entrando en Katif, usando hachas para entrar en el hogar de David Hatuel, cuyas mujer embarazada y cuatro hijas fueron asesinadas por terroristas, esposándolo, quitando las fotos de sus hijas de la pared, y entonces siendo capaz de dormir por la noche?" Se usaron así mismo fotografías de la familia Hatuel.
Pero esta vez, se terminó por evacuar a los colonos y a los soldados de la Franja de Gaza y del norte de Cisjordania.
Hoy, miércoles 1 de septiembre de 2010, empiezan las negociaciones entre israelíes y palestinos en Washington, la capital estadounidense, bajo los auspicios de Barack Obama. Y ayer, martes 31 de agosto, cuatro colonos residentes en Cisjordania han sido tiroteados por terroristas palestinos. Hamas se ha hecho responsable del atentado, que costó la vida a las siguientes cuatro personas: Yitzhak Ames (47 años), Tali Ames (45 años), Kochava Ben-Chaim (37 años) y Avishai Schindler (24 años), residentes en el asentamiento de Beit Hagai, ubicado en las colinas que hay al sur de Hebrón. Los primeros eran pareja y tenían seis hijos, incluyendo uno de un año y medio, y hacía seis meses que había nacido su primera nieta. Asimismo, una de las mujeres asesinadas estaba embarazada.
Y ahí tenemos a los Comités Populares de Resistencia diciendo que el ataque es un mensaje para los negociadores palestinos: "No deberían haberse embarcado en esta jugada sin el apoyo del pueblo palestino." Por si fuera poco y según Hamas, nuevos ataques están por venir.
En ambos casos (el de la familia Hatuel y el de los colonos de Hebrón) se ejecutó la misma táctica: Israel intenta dar un primer paso de cara a la paz, y extremistas palestinos tratan de caldear el ambiente tiroteando a civiles inocentes desarmados. Pero esa escoria no va a triunfar. El atentado contra la familia Hatuel no impidió la evacuación israelí de los colonos y soldados de la Franja de Gaza y del norte de Cisjordania en 2005, ni impedirá que hoy se celebre la primera de una serie de reuniones en las que Israel y la A.N.P. negociarán la paz.
Ya sólo resta recordar a las víctimas. En el caso de la víctimas de Beit Hagai es demasiado pronto, pero en el de la familia Hatuel se puede recurrir a una fotografía. Y en esta fotografía veremos, no sus cuerpos destrozados por las balas (ese es más bien el estilo palestino), sino que las veremos tal y como fueron en vida.