jueves, 9 de diciembre de 2010

El Mossad está que trina.

Debe ser que Meir Dagan quiere poner punto final a su carrera en el Mossad con un sello especial. Y es que está previsto que Dagan ceda su actual puesto a Tamir Pardo, quien fue integrante de la Sayeret Matkal (una unidad de élite del Tzahal) bajo las órdenes de Yonatan Netanyahu, además de haber trabajado para el propio Mossad, y cuya máxima prioridad seguirá siendo previsiblemente la amenaza nuclear iraní. Pero habida cuenta de lo sucedido últimamente, cualquiera diría que es Dagan quien quiere reservarse para sí el mérito de acabar con tal amenaza.
Y es que el lunes 29 de noviembre de 2010, dos científicos nucleares iraníes, Majid Shahriari y Fereidoun Abbasi-Davani, fueron objeto de sendos atentados en Teherán, la capital de la República Islámica de Irán. Ambos individuos estaban vinculados al programa nuclear iraní. Parece ser que en el caso de Shahriari, una motocicleta se colocó durante un momento junto al vehículo conducido por el científico. Cuando aquélla se había alejado, el coche explotó, muriendo Shahriari en el acto; un artefacto explosivo había sido adherido a su coche desde la motocicleta.
El mismo mecanismo fue usado contra Abbasi-Davani prácticamente al mismo tiempo y en otro punto de la ciudad. Pero esta vez el atentado falló, ya que el científico resultó herido pero sobrevivió. Su mujer, que también viajaba a bordo del vehículo atacado, también resultó herida, logrando en última instancia sobrevivir.
El régimen iraní no ha tardado en acusar a Occidente en general y a Israel en particular del doble ataque. Otros científicos nucleares iraníes vinculados al programa atómico del Estado persa han muerto presuntamente a manos del Mossad, como Ardeshir Hosseinpour (al que supuestamente se le aplicó una dosis letal de radiación) o Massud Ali-Mohammadi (muerto en un atentado con bomba).
Claro que hay quien opina que el llamado largo brazo de Israel llega más lejos todavía. Por ejemplo, Mohamed Abdul Fadil Souza acusa al Mossad de estar detrás de una cadena de ataques perpetrados por tiburones en Sharm al-Sheikh, una ciudad turística en el Sinaí egipcio y a orillas del mar Rojo, ocurridos durante las últimas semanas.
Israel lo niega...

jueves, 2 de diciembre de 2010

"La defensa más brillantemente audaz de Israel desde que Moisés dividió el mar Rojo."

Las palabras que constituyen el título de la presente entrada van entrecomilladas porque no son mías. Son de The Irish Independent, y describen la más que excelente defensa de Israel realizada por Gabriel Latner, un estudiante de Derecho de la Universidad de Cambridge de 19 años de edad, y que será becario de U.N. Watch a partir de 2011.
La Sociedad de Debates de la Universidad de Cambridge acogió un debate centrado en la propuesta de que Israel es un Estado canalla, y la propositora de tal idea fue Lauren Booth, periodista británica anti-israelí que trabaja para la prensa iraní. En el debate, esta dama estuvo acompañada por Mark McDonald, fundador de los Amigos Laboristas de Palestina.
Helo aquí el discurso de Gabriel Latner, íntegro y traducido al español, y que me fue remitido, junto con la información arriba citada, por correo electrónico:


"Ésta es una guerra de ideales y los otros oradores presentes esta noche son, con todo derecho, idealistas. Yo no lo soy. Yo soy realista. Estoy aquí para ganar. Tengo un único objetivo esta tarde: lograr que la mayor parte del público salga por la puerta del 'Sí'.

Me enfrento a un reto singular: muchos de ustedes, si no todos, han tomado partido. Este tema polariza demasiado la opinión para que la gran mayoría no tenga una opinión formada. Estaría dispuesto a apostar a que la mitad de ustedes apoya firmemente la propuesta a debate, y la otra mitad se opone firmemente a ella.

Quiero ganar, y estamos destinados a un empate. Estoy tentado de hacer lo que mis compañeros, los demás oradores, van a hacer: un simple refrito de todo lo que de malo ha hecho el Gobierno israelí, con la intención de satisfacer a quienes están de acuerdo con ellos. Y tal vez culpabilizar a los escasos indecisos presentes para que voten a favor de la propuesta o, más exactamente, en contra de Israel.

Sería muy fácil torcer el sentido y el significado de las 'leyes' internacionales para hacer que Israel parezca un estado criminal. Pero eso ha sido hecho hasta los límites más extremos.

Sería más fácil aún apelar a vuestra simpatía con historias personalizadas del sufrimiento palestino. Y se pueden pronunciar discursos muy elocuentes sobre esas cuestiones.

Pero la verdad es que tratar mal a la gente, sea a sus ciudadanos, sea a los de una nación ocupada, no convierte a un Estado en 'canalla'. Si lo hiciera, Canadá, los EE.UU. y Australia serían todos Estados canallas, fundándose en cómo tratan a sus poblaciones indígenas. El tratamiento que el Reino Unido da a los irlandeses, la calificaría fácilmente para motejarla del mismo modo. Estos argumentos, aunque emocionalmente satisfactorios, carecen de rigor intelectual.

Más importante aún: simplemente, no creo que podamos ganar con esos argumentos. No van a cambiar los números. La mitad de los presentes estará de acuerdo con ellos, la otra mitad no. Así que voy a probar algo diferente, algo un tanto alejado de la ortodoxia.

Voy a tratar de convencer a los sionistas acérrimos y partidarios de Israel, aquí, esta noche, para que voten afirmativamente por la propuesta. Al final de mi intervención, habré presentado cinco argumentos a favor de Israel que demostrarán que Israel es, si no un 'Estado canalla', al menos 'pícaro'.

Quiero ser claro. No voy a sostener que Israel es 'malo'. No voy a sostener que no merece existir. No voy a sostener que se comporta peor que cualquier otro país. Sólo voy a argumentar que Israel es 'canalla'.

La palabra 'canalla' ha llegado a tener connotaciones excepcionalmente condenatorias. Pero la palabra en sí es valorativamente neutral. El Diccionario Oxford de Inglés define 'canalla' como 'aberrante, anormal, fuera de lugar, que ocurre (especialmente en forma aislada) en un lugar o tiempo inesperado', a la vez que un diccionario de una institución mucho más grande da esta definición: 'comportarse de maneras que no se esperan o no normales, frecuentemente de forma destructiva'.

Estas definiciones, y otras, se centran en la idea de anomalía: lo inesperado o poco común. Usando esta definición, un Estado canalla es aquel que actúa de una manera inesperada, poco frecuente o aberrante. Un estado que se comporta exactamente como Israel.

El primer argumento es estadístico. El sólo hecho de que Israel sea un Estado judío lo hace lo bastante anómalo como para ser llamado Estado canalla: hay 195 países en el mundo. Algunos son cristianos, algunos son musulmanes, algunos son seculares. Israel es el único país judío del mundo. O, para hablar en términos matemáticos por un momento, la probabilidad que tiene cualquier Estado, elegido al azar, de ser judío es de 0,0051. En comparación, la probabilidad de ganar al menos £10 con un billete de lotería del Reino Unido es de 0,017: más del doble. La condición judía de Israel es una aberración estadística.

El segundo argumento concierne al humanitarismo de Israel y, en particular, a la respuesta de Israel ante una crisis de refugiados. No ante la crisis de los refugiados palestinos —porque estoy seguro de que los demás oradores la cubrirán—, sino ante la cuestión de los refugiados de Darfur. Todo el mundo sabe lo que ocurrió y sigue ocurriendo: en Darfur hay un genocidio, quieran o no las Naciones Unidas y la Liga Árabe denominarlo de ese modo. De hecho, espero que el Sr. Massih sea capaz de hablar acerca de eso: en realidad, es algo así como un experto en lo que respecta a la crisis en Darfur; de hecho, es su experiencia la que le ha hecho indicado para representar al ex dictador de Sudán, mientras está siendo investigado por el Tribunal Penal Internacional.

Se ha producido un éxodo masivo de Darfur, los oprimidos buscan seguridad. No han tenido mucha suerte. Muchos se han ido hacia el norte, a Egipto, donde son tratados de manera despreciable. Los valientes hacen una carrera por el desierto, intentando llegar a Israel. No sólo se enfrentan a las amenazas naturales de la península del Sinaí, sino también a los soldados egipcios que patrullan la frontera y los utilizan para practicar tiro al blanco. ¿Por qué se arriesgan?

Porque en Israel se los trata con compasión —se los trata como a los refugiados que son—, actitud de la que tal vez sea culpable la memoria cultural de genocidio de Israel. El Gobierno israelí ha ido muy lejos, hasta el punto de conceder la ciudadanía a varios cientos de refugiados de Darfur. Esto, por sí sólo, sitúa a Israel aparte del resto del mundo.

Pero la verdadera clave de la diferencia es la siguiente: las Fuerzas de Defensa de Israel envían soldados y médicos a patrullar la frontera con Egipto. Los envían en busca de refugiados que intentan cruzar a Israel. No para enviarlos de vuelta a Egipto, sino para salvarlos de la deshidratación, del agotamiento por calor y de las balas egipcias.

Comparen esto con la reacción de los EE.UU. ante la inmigración ilegal a través de su frontera con México. El Gobierno estadounidense ha arrestado a particulares por haber dado agua a los que cruzaban la frontera y que se estaban muriendo de sed, y aquí el Gobierno de Israel envía a sus soldados para salvar a los inmigrantes ilegales. Llamar anómalo a ese tipo de comportamiento es quedarse corto.

Mi tercer argumento es que el Gobierno israelí se dedica a una actividad que el resto del mundo rechaza: negocia con terroristas. Olvídense del ex Presidente de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, un hombre que murió con sangre en las manos: Israel está en el proceso de negociación con terroristas en estos momentos. Yasser Abd Rabbo es uno de los negociadores líderes de la O.L.P. que ha sido enviado a las conversaciones de paz con Israel. Abd Rabbo fue también líder del Frente Popular para la Liberación de Palestina, una organización de 'luchadores por la libertad' que, bajo la dirección de Abd Rabbo, se dedicaba a la promoción de actividades por la libertad tales como el asesinato de 22 estudiantes israelíes de secundaria.

Y el Gobierno israelí envía delegados a sentarse en una mesa con este hombre, y a hablar de paz. Y el mundo aplaude. Nunca verán al Gobierno español en conversaciones de paz con los líderes de E.T.A., ni el Gobierno británico negociaría nunca con Thomas Murphy. Y si el Presidente Obama se sentara a hablar de paz con Osama bin Laden, el mundo lo vería como una locura. Pero Israel no puede hacer exactamente lo mismo y ganarse el reconocimiento internacional en el proceso. Ésa es la definición que da el diccionario de 'canalla': comportarse de una manera inesperada o no normal.

Otra parte de la definición del diccionario es el comportamiento o actividad 'que ocurre en un lugar o tiempo inesperado'. Cuando se compara a Israel con sus vecinos regionales, se pone de manifiesto hasta qué punto Israel es canalla. Y aquí está el cuarto argumento: Israel tiene un historial de derechos humanos mejor que el de cualquiera de sus vecinos. Jamás, en ningún momento de la historia, ha habido un estado democrático liberal en Oriente Medio, excepto Israel. De todos los países de Oriente Medio, Israel es el único donde la comunidad gay y lesbiana disfruta de cierta, pequeña, igualdad.

En Kuwait, Líbano, Omán, Qatar y Siria, la conducta homosexual se castiga con azotes, encarcelamiento, o ambas cosas. Pero los homosexuales están ahí un poco mejor, en comparación con sus homólogos de Irán, Arabia Saudí y Yemen, donde son condenados a muerte. Los homosexuales israelíes pueden adoptar, servir abiertamente en el ejército, efectuar uniones civiles, y están protegidos por una legislación anti-discriminatoria en términos excepcionalmente enérgicos. Le gana a una sentencia a muerte. De hecho, le gana a los Estados Unidos.

La protección de las libertades civiles de los ciudadanos de Israel se ha ganado el reconocimiento internacional. Freedom House es una O.N.G. que emite un informe anual sobre democracia y libertades civiles en cada uno de los 195 países en el mundo. Califica a cada país como 'Libre', 'Parcialmente Libre' o 'No Libre'. En Oriente Medio, Israel es el único país que ha obtenido la calificación de país 'Libre'. No es de extrañar, dado el nivel de libertad que se les otorga a los ciudadanos de Líbano, digamos —un país calificado como 'Parcialmente Libre'—, donde hay leyes contra periodistas que critican, no sólo al Gobierno libanés, sino también al régimen sirio. Espero que la Sra. Booth hable acerca de esto, dada su experiencia laboral como 'periodista' para Irán.

Irán es un país calificado como 'No Libre', lo que lo sitúa junto a China, Zimbabwe, Corea del Norte y Myanmar. En Irán, como espero que la Sra. Booth diga en su discurso, existe un 'Tribunal de Prensa', que procesa a los periodistas por delitos atroces, tales como criticar al ayatollah, informar sobre historias que dañen los 'fundamentos de la República Islámica', usar 'fuentes sospechosas' (es decir, occidentales) o insultar al Islam. Irán es el líder mundial en términos de periodistas encarcelados, con 39 periodistas (que sepamos) en la cárcel en 2009. También expulsaron a casi todos los periodistas occidentales durante las elecciones de 2009. No sé si la Sra. Booth se vio afectada por ello.

Supongo que, en realidad, no podemos esperar otra cosa de una teocracia. Que es lo que son la mayoría de los países de Oriente Medio. Teocracias y autocracias. Pero Israel es la exclusiva, la única, la canalla democracia. De todos los países de Oriente Medio, sólo en Israel las protestas contra el Gobierno no son aplastadas y no se censura la información.

Tengo un argumento final —el último clavo en el ataúd de la oposición—, y está sentado justo al otro lado del pasillo. La presencia del Sr. Ran Gidor aquí es la única prueba que a cualquiera de nosotros debería bastarle para decir, con toda confianza, que Israel es un Estado canalla. Para aquellos de ustedes que nunca han oído hablar de él, el Sr. Gidor es un consejero político agregado a la Embajada de Israel en Londres. Es el tipo que el Gobierno israelí envió para que lo represente en las Naciones Unidas. Sabe lo que está haciendo. Y está aquí esta noche. Y es increíble.

Consideremos, por un momento, lo que significa su presencia aquí. El Gobierno de Israel ha firmado el permiso para que uno de sus representantes diplomáticos, de alto nivel, participe en un debate sobre su legitimidad. Eso es notable.

¿Creen, por un minuto, que algún otro país haría lo mismo? Si en la Sociedad de Debates de la Universidad de Yale se debatiera la propuesta 'Esta casa cree que el Reino Unido es un Estado racista y totalitario que le ha hecho un daño irrevocable a los pueblos del mundo', ¿permitiría el Reino Unido participar a alguno de sus funcionarios? No.

¿Participaría China en un debate sobre el estatus de Taiwán? Nunca.

Y no hay absolutamente ninguna posibilidad de que se le permita a un funcionario del Gobierno estadounidense participar en un debate acerca del trato a los prisioneros en la Bahía de Guantánamo.

Pero Israel ha enviado al Sr. Ran Gidor para discutir esta noche con una 'periodista' estrella de la televisión pseudo-realista, y conmigo, un estudiante de Derecho de 19 años de edad, totalmente no calificado para hablar sobre el tema en cuestión.

Todos los gobiernos del mundo deben de estar riéndose de Israel en este momento, porque olvidó la regla número 1: nunca hay que añadirles credibilidad a los chiflados mezclándose con ellos. Es la misma razón por la que no veremos a Stephen Hawking ni a Richard Dawkins debatir con David Icke. Pero Israel está haciendo precisamente eso. Una vez más, comportándose de una manera inesperada o no normal. Comportándose como un Estado canalla.

Éstos son los cinco argumentos dirigidos contra los partidarios de Israel. Pero me quedan uno o dos minutos. Y he aquí un argumento para todos ustedes: Israel, deliberada y enérgicamente, no tiene en cuenta el derecho internacional. En 1981 Israel destruyó Osirak, el laboratorio para la bomba nuclear de Saddam Hussein. Todos los gobiernos del mundo sabían que Hussein estaba construyendo una bomba. Y no hicieron nada. A excepción de Israel. Sí, al hacerlo, violó la ley y la costumbre internacionales. Pero también nos salvó a todos de un Irak nuclear.

Esa acción canalla debería otorgarle a Israel un lugar de respeto a los ojos de todos los pueblos amantes de la libertad. Pero no es así. Pero esta noche, mientras nos escuchan parlotear, quiero que recuerden algo: mientras ustedes están aquí, el Irán de Khamenei está trabajando en la bomba. Y si son honestos con ustedes mismos, saben que Israel es el único país que puede hacer, y hará, algo al respecto. Israel, por necesidad, actuará de una manera que no responde a la norma, y será mejor que esperen que lo haga de forma destructiva. Cualquier persona sana preferiría un Israel canalla a un Irán nuclear. Excepto la Sra. Booth."

sábado, 13 de noviembre de 2010

Totalmente adorable. O no.

Con el título de la presente entrada me refiero a un niño. Es libanés, tiene dos años y es riquiño (como solemos decir en Galicia) a más no poder. Lo vi por por primera vez en este artículo que saqué del magnífico blog noruego Norway, Israel and the jews. También podéis mirarlo aquí.
El caso es que su padre empieza a preguntarle capitales de buena parte del mundo, especialmente de Oriente Medio, y llega un momento en el que la criatura, que de geografía parece saber bastante a pesar de su corta edad, tiene que decir cuál es la capital del Estado de Israel. Prestad atención a la entusiasta respuesta del niño y a la reacción del padre, y luego preguntaros si realmente se puede decir que las colonias judías en Cisjordania o el bloqueo israelí a la Franja de Gaza son los únicos obstáculos para la paz en Oriente Próximo.
Y preguntaros también si son sólo las políticas de Israel lo que hace germinar el odio en la zona. Porque ese niño es totalmente adorable hoy; con las ideas que le mete su padre en la cabeza, ya veremos en qué clase de persona se irá transformando a medida que vaya creciendo.

martes, 9 de noviembre de 2010

El Estado de Israel en los ránkings internacionales: Índice de Desarrollo Humano (I).

Basándose en datos de 2008, la O.N.U. ha publicado un informe en el que se ha puntuado el Índice de Desarrollo Humano de 169 Estados soberanos. Éstos aparecen ordenados del más desarrollado al menos desarrollado. Se miden factores como la esperanza de vida, el grado de alfabetización, la educación, el nivel y la calidad de vida y el bienestar infantil. El informe clasifica los países analizados en función de su grado de desarrollo, que puede ser muy alto, alto, medio o bajo, así como por la zona geográfica.
A continuación, los resultados para el Estado de Israel:
a) Grado de desarrollo muy alto.
b) 0,872 puntos en una escala de 0 a 1 (sube 0,001).
c) 15.º puesto de 169 (sube 12).
d) Ocupa el 5.º puesto entre los Estados asiáticos analizados.
e) Ocupa el primer puesto entre los Estados analizados de la región de Oriente Medio y el Norte de África.

domingo, 31 de octubre de 2010

Una lección de cine... y de Historia y ética (I).

Tal y como demostré en numerosas ocasiones en este blog, muchos de los más importantes medios de comunicación, organismos políticos y organizaciones no gubernamentales dicen luchar por el respeto a los derechos humanos, para al final relegar a un segundo plano, cuando no ignorar directamente, las más graves guerras, los más despóticos regímenes totalitarios y los más crueles crímenes contra la Humanidad, en orden de atacar políticamente a una nación democrática y soberana que lucha literalmente por su existencia desde que nació: el Estado de Israel. Y ello termina por repercutir en una opinión pública fácilmente impresionable y falta de conocimientos históricos sobre el tema.

El caso es que el domingo 24 de octubre de 2010, en horario de prime time, La 1 de Televisión Española emitió el filme Diamante de sangre (Blood Diamond), dirigido en 2006 por Edward Zwick y protagonizado por Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly y Djimon Hounsou. La cinta trata sobre la Guerra Civil de Sierra Leona y su oscuro trasfondo de diamantes de sangre, niños soldado y demás atrocidades al uso en el desolado continente africano.

O, mejor dicho, desolado y olvidado. Hipócritamente olvidado.

Y es que es muy contradictorio que los medios, los organismos y las organizaciones arriba mencionados se quejen (de vez en cuando, eso sí, para calmar sus conciencias y mantener su estatus como concienciadores y, a la vez, portavoces de la opinión pública) de que no se le presta la suficiente atención a África y de que, consecuentemente, la opinión pública no está debidamente concienciada sobre lo que allí ocurre, de forma que no ejerce la debida presión sobre sus políticos. Y yo me hago una pregunta. ¿Cómo coño son capaces de emitir semejante queja, cuando son ellos los mismos que tanto se dedican a cacarear sobre el supuesto apartheid israelí, las colonias judías en Cisjordania, la alegada limpieza étnica de árabes en Jerusalén Este y demás asuntos relacionados, al tiempo que casi no le prestan la más mínima atención al continente africano?

Porque la peña no nace sabida. Difícilmente se puede concienciar a la opinión pública, pongamos, europea, sobre las desgracias recientes y actuales en Sudán, Somalia, la República Democrática del Congo, Sierra Leona, Ruanda o Uganda, cuando la O.N.U., la Unión Europea, Amnistía Internacional, Human Rights Watch, Manuel Tapial y sus coleguas, El País, El Mundo, Público, laSexta Noticias, Aftonbladet, Aftenposten, Dagbladet, Reuters, The Guardian, la BBC y un largo etcétera le dedican más tiempo y más recursos al conflicto árabe-israelí que a África.

Por supuesto que la gente es capaz de citar tragedias africanas, y que de vez en cuando éstas son objeto de una relativa cobertura. Pero comparativamente, sobre África se nos informa con cuentagotas, mientras que sobre el conflicto árabe-israelí se nos bombardea sistemáticamente; y ese bombardeo mediático se ve revestido con mucha frecuencia de un fuerte componente ideologizador.

Sólo así se puede explicar algo tan triste como que Ariel Sharon, Binyamin Netanyahu, Yitzhak Rabin, Mahmud Abbas, el Kadima, el Likud, los Acuerdos de Oslo, Yasser Arafat, Deir Yassin, al-Nakba, la división de Jerusalén, las colonias judías, al-Fatah, Hamas, Avigdor Lieberman, Ehud Olmert, Yisra'el Beiteinu, Hezbollah, el Mossad, Hassan Nasrallah, Tzipi Livni, Ismail Haniyeh, la masacre de Sabra y Shatila, la Batalla de Jenin, la Guerra del Yom Kippur, Hebrón y Shimon Peres sean universalmente más conocidos que Foday Sankoh, el Frente Revolucionario Unido, Mohamed Farrah Aidid, la Batalla de Mogadiscio, los diamantes de sangre, el coltán, los Janjaweed, Theodoro Obiang, los Acuerdos de Arusha, Robert Mugabe, Théoneste Bagosora, Jean-Paul Akayesu, la Segunda Guerra del Congo, el conflicto de Kivu, Jean Kambanda, Moussa Dadis Camara, Paul Kagame, Juvénal Habyarimana, Laurent-Désiré Kabila, los Mai Mai o Idi Amin Dada.

El último personaje aludido, por ejemplo, es de los malos, pero de los malos de verdad, ¿eh? Durante su reinado del terror en Uganda, entre 1971 y 1979, fueron asesinadas entre 100.000 y 300.000 personas, dependiendo, como siempre, de las estimaciones. ¡A lo largo de una miserable década! Entretanto, el conflicto árabe-israelí ha costado entre 51.000 (de 1950 a 2007) y 92.000 (entre 1945 y 1995) víctimas mortales, dependiendo otra vez de las estimaciones. Pero lo mejor de todo es que según la última estimación señalada, esos 92.000 muertos comprenden a 74.000 combatientes en contraposición a 18.000 civiles.

¿Cómo? ¿Que veis en las noticias que siempre mueren más civiles que combatientes? No, damas y caballeros. Eso habrá ocurrido durante la Segunda Intifada, la Segunda Guerra del Líbano o la Operación Plomo Fundido, pero las peores escaladas de violencia en cuanto a número de muertos a resultas del conflicto árabe-israelí tuvieron lugar en 1948-1949, 1956, 1967, 1967-1970, 1973 y 1982. Y en la mayoría de esas guerras (aunque no en todas), una gran parte de la lucha se desarrolló en pleno desierto, con relativamente pocos civiles de por medio. El resultado fue que el conflicto árabe-israelí, en contra del mito popular, no sólo es de los más leves que existen en términos humanitarios a pesar de su extensa duración en el tiempo, sino que es uno de los pocos en la Historia Contemporánea que ha derivado en más muertes de combatientes que de civiles.

¿Qué mejor ejemplo que el expresado arriba en orden de demostrar cómo la realidad le es distorsionada a la opinión pública?

Evidentemente, es algo que no se puede decir de África, como demuestran los conflictos, las dictaduras y las violaciones de los derechos humanos recientes y actuales ocurridos allí.

Curiosamente, la Uganda de Idi Amin Dada e Israel fueron Estados aliados. Pero la relación se quebró, y el dictador ugandés cambió de bando. Y lo que es más, Uganda se convirtió en escenario, por breve tiempo, del conflicto árabe-israelí.

El domingo 27 de junio de 1976, un avión de Air France fue secuestrado por terroristas árabes y europeos. El avión acabó en el aeropuerto ugandés de Entebbe... con la bendición del dictador del país. Todos los pasajeros no judíos fueron liberados, mientras que los judíos fueron retenidos. Uno de ellos, una anciana llamada Dora Bloch, fue evacuada a un hospital debido a problemas médicos. Y el domingo 4 de julio, una semana después del secuestro, se produjo el rescate israelí.

Los soldados israelíes llegaron en aviones que aterrizaron en el mismísimo aeropuerto de Entebbe; rescataron a los rehenes; destruyeron los aviones de las fuerzas aéreas ugandesas estacionados en el aeropuerto; y se llevaron a los rehenes en los aviones en los que habían llegado. Morirían los terroristas y un buen puñado de soldados ugandeses, así como tres rehenes judíos y un militar israelí, Yonatan Netanyahu, hermano del actual Primer Ministro hebreo.

Idi Amin Dada había sido humillado en su propio país mediante una operación de rescate efectuada ante sus narices. Y su sed de venganza alcanzó a cientos de ciudadanos kenyanos residentes en Uganda (Kenya sirvió de escala para los aviones israelíes), así como a Dora Bloch, asesinada en el hospital al que había sido trasladada, junto con, según se ha alegado, los médicos y enfermeras que trataron de impedirlo.

Así quedó patente (otra vez) el despotismo totalitario de Idi Amin Dada, acusado además de canibalismo, autoproclamado Rey de Escocia, y sobre el que se hizo la película titulada precisamente El último rey de Escocia (The Last King of Scotland), dirigida en 2006 por Kevin Macdonald, con Forest Whitaker cubriendo magistralmente el papel del déspota. No es tan buena como la de Zwick, pero merece la pena.

Pero los entre 100.000 y 300.000 muertos a resultas de la dictadura de Idi Amin Dada son sólo un episodio de la cruel historia reciente africana. Ahí están también el genocidio ruandés, con entre 500.000 y 1.000.000 de muertos entre abril y julio de 1994; la Segunda Guerra del Congo y sus secuelas, con más de 5.400.000 muertos desde 1998; la guerra en Darfur, con más de 300.000 muertos desde 2003; la Guerra Civil somalí, con más de 300.000 muertos desde 1991; y, volviendo a lo que relataba al principio de la entrada, la Guerra Civil de Sierra Leona, con unos 75.000 muertos entre 1991 y 2002.

Las cifras hablan por sí solas. Pero la historia reciente y actual de África sólo es brevemente rescatada para terminar cayendo en el olvido durante largo tiempo.

Es por eso que la obra maestra de Edward Zwick y la magnífica interpretación de Forest Whitaker no son sólo lecciones de cómo hacer buen cine, sino que son lecciones de Historia y de ética en la medida en que narran hechos verídicos que las masas deberían conocer pero sobre los que apenas son informadas, y que además deberían merecer una más contundente respuesta institucional y humanitaria.

Curiosamente, una de las más osadas hazañas contra el despotismo totalitario de Idi Amin Dada fue efectuada por el Tzahal, y sin embargo, Israel es objeto de un oprobio mucho mayor que el dictador ugandés. El único consuelo que al respecto le queda a la sociedad del Estado hebreo es el haber rescatado a docenas de los suyos humillando de paso a esa bestia en su propia casa. Por el camino quedaron, tristemente, cuatro civiles inocentes cuyo crimen era ser judíos y el héroe que inmoló su vida para salvar otras: Yonatan Netanyahu.

Al que podemos ver en la imagen inferior (derecha).

viernes, 15 de octubre de 2010

Interesante artículo de la revista Time.

Clave para entender el artículo: no cuenta lo que el título le sugeriría a un anti-israelí.

sábado, 2 de octubre de 2010

Mujeres en el Tzahal.

Artículo del corresponsal en Oriente Próximo para El Mundo, Sal Emergui, enlazado desde el blog de Pedro Gómez-Valadés.